Hace unos años, un buen amigo y mecánico de karting bregado en el campeonato de España y en diferentes campeonatos regionales, me dijo: “Dejé el karting por una sencilla razón: si el niño ganaba, él era un fenómeno, pero si no ganaba (lo cual es lo normal), yo era una mierda. No merece la pena tanto sinsabor”.

En una simple frase, se pueden resumir muchas de las frustraciones y ansiedades que nos podemos encontrar en el deporte y, en este caso particular, en el karting. No debemos olvidar, que perder es estadísticamente más habitual que ganar, básicamente porque todos pierden menos uno, el ganador (parafraseando a Mick Doohan, multicampeón del mundo de motociclismo en la categoría de 500cc).

Todos amamos a nuestros hijos. El amor es el más profundo sentimiento humano, pero como tal sentimiento, muchas veces se aleja de lo que racional y pedagógicamente debería ser lo correcto. Perder es habitual en la vida. Debemos preparar a nuestros hijos a saber perder y, mucho más importante, a nosotros mismos a saber gestionarlo. Nuestra propia competitividad no debe ser extrapolada a nuestros hijos y poner sobre sus estrechos hombros la pesada carga de nuestras propias frustraciones. Entonces, ¿qué podemos hacer ¿Estamos abocados a la frustración y a la ansiedad?

Si la palabra hijos va ligada a la palabra amor, no es menos cierto, que la palabra perder va ligada a aprendizaje. Pero todo ello, como padres, dando el máximo apoyo y sobre todo compresión a nuestros hijos. No es malo no estar en el podio, es malo no enseñar a gestionarlo. Utilizar la empatía, palabra de moda pero muy alejada de comportamientos presentes, y enseñar a perder, o si se prefiere, a no ganar.
Ningún niño atesora de forma innata la gestión de perder (tampoco la de ganar), está en manos de la familia, el cómo debe afrontarse. ¡Es una enorme oportunidad de ejercer como padres!

El mero hecho de estar en una competición de karting, ya es por sí, un enorme privilegio. Es aquello que nuestro hijo más debería desear (lo escribo así, en singular condicional), no los padres. Disfrutar del camino junto a nuestro hijo/a, vivir sus experiencias, pasar tiempo de calidad con él/ella alejados de consolas y móviles, participar de su aprendizaje.

Estar orgullosos de nuestros hijos y hacérselo ver. Agradecer su esfuerzo, su dedicación y su trabajo, con el mismo énfasis que cuando no se cumplen nuestros “propios” sueños, escondidos en una infancia que no tuvimos. En resumen, actuar como padres muy por encima a actuar como “managers”.

Eso, ya es ganar.

Texto: ©Agustin de Pablos
Fotos: ©VVL Sport Image/José Lourenço